En el Madrid de Cervantes, en pleno siglo XXI

En el Madrid de Cervantes, en pleno siglo XXI

En el Madrid de Cervantes, en pleno siglo XXI

He aquí que el Ingenioso Hidalgo Don Qujote y su fiel escudero Sancho, por un azaroso juego del tiempo, dieron con sus posaderas en el año dos mil dieciséis de nuestro Señor en las tierras de su Cervantino creador, que hoy conocen los vecinos de la Villa de Madrid como Barrio de las Letras, y precisamente en la rúa de las Huertas con número quince, donde hallase una ilustre casa de viandas sin par y de buenos vinos que hacen virtud grande, y todos ellos son oropeles para la panza, la de Quijote y Sancho.

Que esa regia taberna, que los lugareños y forasteros conocen como El Caldero, dispone de las mejores chacinas y carnes, los más frescos manjares hortelanos, y bien abastecidos de riquezas del Mare Nostrum, de este lado de Iberia, de las lindes murcianas, y no de Lepanto, que es época de deleites y no arcabuces. Y que es Palacio del arroz, el ámbar de la tierra.

Sentáronse en la ilustre cantina murciana el gentilhombre, cuando ricos aromas llamaron la atención del buen señor. Como Don Quijote tenía el sentido del olfato tan vivo como el de los oídos, y que casi por línea recta subían los vapores hacia arriba, no se pudo excusar de que algunos no llegasen a sus narices, y apenas hubieron llegado, quedase prendado de ellos. Raudo pidió al mesonero que aquellas joyas se aposentasen en la mesa, y dio luego voces a Sancho Panza para que viniese; que se curó rápidamente en compartir con su señor de aquellos tesoros culinarios: dorados arroces que colmaban el hambre y más el espíritu, apreciadas criaturas marítimas mitológicas que ahora hacían las delicias de los comensales, unos dulces que no tenían competencia en ningún convento, y los caldos de Baco que caldeaban el alma del hidalgo y al bueno de Sancho.

Todo ello lo degustó don Alonso de Quijano, y dijo: “¡Qué glorioso sabor, Sancho, que vituallas excelsas! Que sea este mi reino culinario para Dulcinea del Toboso, y emplazamiento de celebración de mis victorias contra gigantes”.

Despidióse don Quijote subiendo otra vez sobre Rocinante, y Sancho en su jumento, con la convicción de contar que de fábula se come en esta ínsula murciana y su taberna hermana, ambas en medio de la capital del Reino, y que ninguna dama ni hidalgo debe perder la oportunidad de mirar, de contemplar, oler, comer y aficionarse”.

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RESERVAS: Restaurante Murciano:   +34 91 429 50 44 (Calle Huertas 15)    ·   Taberna Murciana:   +34 91 501 61 90 (Travesía de Téllez 2)